martes, 22 de agosto de 2017

Camino de Santiago desde Madrid en bici: CapítuloV. El Viaje. Etapa I: Madrid-Mataelpino


Viernes 11 de agosto de 2017 - Primera etapa: Madrid (Carabanchel) - Mataelpino. 

66,77 Kms. Tiempo de pedaleo 5 horas y 3 minutos. Velocidad media 13,3 Km/h Velocidad máxima 44,5 Km/h


 El día de la partida acabó por llegar. Desperté con un cambio de última hora en la cabeza, fue como una revelación: Nada de llevar el Camelbak (mochila de hidratación), en su lugar usaría el sistema tradicional de portabidón y cacharra de agua.  El equipaje preparado, la bici a punto y el plan en marcha. Relojes a "cero" empieza la acción.

Alforjas y resto de bártulos fueron introducidos esa mañana en el maletero de "El Pollo" listos para que Gema los transportase al albergue de Mataelpino lugar de finalización de la primera etapa.

La bici y yo recorrimos los tres Kilómetros habituales de distancia al curro cargados con una mochila que llevaba la equipación ciclista que usaría después.  Todo en marcha.

La mañana se me hizo eterna, y durante ella tuve otra revelación: sí sustituía el Camelbak de 3 litros por una sóla cacharra de 1 litro quizás estaba haciendo un pan como unas tortas.  Así que, durante el desayuno, compré en una tienda cercana un nuevo portabotellas adaptable a cuadros sin soporte y una cacharra con medio litro largo de capacidad extra de agua.

Un cansino reloj que parecía no querer avanzar señaló por fín las dos de la tarde, me levanté como un resorte, me despedí de los compañeros, bajé al patio, cogí la bici  y rodé los dos kilómetros que me separan de  "El Taller" para a instalar allí el nuevo portabidón, cambiarme y salir escopetado 15 minutos más tarde.

Iluso.  Tardé dos horas en instalar las dos bridas que sujetan el portabidón ¡Dos horas!  Durante su transcurso me desesperé, pataleé, grite y blasfemé hasta dejarme la garganta.  Me costó un mundo y me reventó el buen Karma del día.

Casi a las 16:00, sin haber comido nada desde las 11 de la mañana, monté en la bici y empecé el viaje.

"El Taller" Km 0. 15:50 horas.
Tras dejar atrás Carabanchel por la el Puente de Toledo y subir la calle del mismo nombre, pedaleé por el Madrid más bonito hasta la Parroquia de Santiago y San Juán.  No me hizo falta entrar, el sello que certifica el comienzo de la biciperegrinación ya estaba estampado en mi credencial desde el día anterior. Los buenos augurios solicitados, las encomendaciones... Todos los rituales cumplidos y el reloj finalmente desperezado empezó a hacer volar el tiempo.


16:09 Parroquia de Santiago y San Juan.  Inicio oficial de la Peregrinación.
Recorro el Madrid castizo por la calles mencionadas en la guía de la Asociaciación de Amigos de los Caminos de Santiago de Madrid hasta tomar Bravo Murillo que recorro desde la Glorieta de Quevedo hasta desembocar en la Plaza de Castilla.

Dejando atrás las Torres Kio en la Plaza de Castilla seguí la Castellana en el sentido de la circulación hasta esta pasarela peatonal que me dejaba a pie de los nuevos rascacielos
En esta plaza, según la guía de la Asociación y la de Juanjo Alonso, comienzan las flechas amarillas que me guiaran hasta Santiago, pero no doy con ellas. 

En los últimos meses se están cambiando de color farolas y semáforos, que pasan del verde oliva tradicional a un nuevo color plateado.  Sospecho que esta operación ha podido acabar con algunas de las señales amarillas y sin darle más vueltas y con el reloj avanzando cada vez más rápido, tomo rumbo hasta las Cuatro Torres que ocupan el lugar de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, último punto de referencia que tengo memorizado.

Bajo la torre con el cartel de la consultora KPMG logro localizar la primera señal,  una gota de optimismo en un viaje que no ha arrancado muy bien,y me lanzo en su dirección a la búsqueda de la siguiente flecha amarilla.  Acabo de iniciar lo que se convertirá en un modo de vida durante los próximos diez días.


16:53 horas. Mi bici, apoyada junto a la primera flecha amarilla del Camino.  Comienzo un viaje creado e instaurado a principios del siglo IX a bordo de un invento de 1785.  El contraste con los abrumadores rascacielos del siglo XXI me hacen parecer fuera de tiempo y lugar.
Las flechas amarillas van saltando de calle en calle  muchas veces en el sentido contrario al de la circulación y me veo obligado a ir por aceras no siempre cómodas. En algún cruce pierdo el rastro y tengo que ir y venir hasta dar con la dirección correcta.  En esta ocasión sospecho que algunas han desaparecido bajo el empuje graffitero.


17:33 horas. 665 Kms. hasta Santiago. Primer hito jacobeo junto al Cruceiro  de Fuencarral. En este punto llevaba recorridos 24 de los 689 Kilómetros oficiales del Camino de Santiago desde Madrid.
La travesía urbana desconocida termina cuando avisto el cementerio de Fuencarral.

 He tardado mucho en llegar hasta aquí y se trata de la parte fácil.

A principios de semana había  avisado al Albergue de que llegaría sobre las 9 pensando que contaba con un margen de dos horas. A estas alturas el reloj ya desbocado se ha merendado el margen. El tiempo empieza a presionarme, puedo encontrarme el Albergue cerrado y voy a hacer esperar a Gema. Estoy agobiado y con el estómago vacío.  Esta etapa está lejos de ser festiva.


17:27 horas. Cruceiro junto al Cementerio de Fuencarral y el Km 58 del anillo ciclista


Cruzo el anillo ciclista por su kilómetro 58 y por fin mis ruedas abandonan el asfalto. Pedalada a pedalada, kilómetro a kilómetro ruedo por caminos y pistas que me conducen entre descampados, propiedades agrícolas y ganaderas, la flecha amarilla suele aparecer justo cuando empiezo a echarla de menos.

18:06 horas. Entrada clausurada al Monte de El Pardo.
A la altura de la pasarela peatonal de Tres Cantos el camino me devuelve al Carril Bici de Colmenar pero no será por mucho tiempo. Cuando en el otro lado de la carretera asoma el Hotel Foxá Tres Cantos ó Eurostars Madrid Foro o como quieran llamarle, y en nuestro lado, unas casetas del Canal de Isabel II  es el momento de tomar una pista de tierra que nos bajará al cauce del Arroyo Tejada (seco en esta época) que cruzaremos once veces y que nos colocará en la rampa de llegada a Colmenar Viejo. El desvío no tiene pérdida posible, la flecha amarilla es perfectamente visible en este punto.

No hay nadie a la vista por estos andurriales, ni ciclistas ni senderistas ni paseantes, nadie. Me gusta la sensación y también me intimida ¿Y si pasa algo?

Los móviles han relajado la sensación de desamparo.  Yo cargo con uno nuevo especialmente comprado con motivo de este viaje.  El GPS de mi viejo BQ no se encontraba ni así mismo y la batería apenas duraba un día.  De facto ya he tenido que hacer uso de él.  Gema hoy será mi ángel de la guarda y Pepa su escudera. Gracias al móvil conoce tanto mi postpuesta hora de salida como mi rodar lento y, también ha tenido que hacer de coche escoba y pasar por el Taller porque con el agobio por salir me he dejado allí parte de la intendencia necesaria.

19:20 horasErmita de Santa Ana
La llegada a Colmenar se hace por unas rampas duras, que nos llevan por la tapia del Cementerio de Santa Ana. Justo antes de llegar a la glorieta que da acceso al casco urbano, la sencilla ermita del mismo nombre  tiene a su vera sitio donde sentarse,  un  cruceiro de piedra y una fuente . El conjunto será pronto común en los pueblos que atraviesa El Camino.

La flecha amarilla nos guía por calles que nos llevan hasta la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora, junto a su fachada principal me esperan Gema y Pepa.

19:32 horas. Basílica de Nuestra Señora de la Asunción.
Los viajes mochileros, los de escalada y el cicloturismo tienen algo en común que los hace adictivos: reducen las necesidades vitales a lo esencial y por tanto es fácil sentirse feliz. Quiero a Gema y a Pepa y necesito la comida que me facilitan. La parada es corta pero en ella he obtenido exactamente todo lo que necesitaba.

Las flechas amarillas me guían por Colmenar Viejo, cruzo la Avenida que circunvalan la localidad y tras atravesar la calle Pilar de Zaragoza y cruzar un parque, salgo de nuevo a pista por la Cañada de los Gallegos.  El Camino se va complicando técnicamente y antes de cruzar las vías del tren tengo que echar pie a tierra.  Ser precavido a estas alturas de la tarde es invertir en la supervivencia de mi viaje a Santiago.

Las flechas amarillas solucionan un paso bajo la carretera M-607 y me hacen cruzar el Puente de El Batán, también conocido como Puente Medieval.  A partir de aquí comienza un tramo muy técnico en el que agradezco no ir cargado con las alforjas.  Además de la dificultad añadida, la bici ya sufre bastante rebotando entre piedras  como para encima añadir el estrés mecánico del peso de las alforjas.

En algún pequeño tramo tengo que empujar la bici, pero básicamente salgo de allí subido sobre el sillín.

Poco a poco el camino vuelve a mejorar y se acaba convirtiendo en una pista cómoda.  Voy fastidiado por el cansancio y el roce del sillín en el culo y para rematar, empiezo a sentir fuertes calambres en una pierna que me hacen bajar de la bici y parar 5 ó 10 minutos.   Hacía mucho tiempo que no me pasaba. Bebo agua en abundancia porqué sé, que aunque he bebido a pequeños sorbos continuamente, puede ser un síntoma de deshidratación. Cuando cesa el ataque, monto despacio en la bici e inicio la marcha con un pedaleo suave y conservador.

Agradezco mucho divisar por fin Manzanares el Real y acometo la bajada hasta el pueblo relajando las precauciones por las ganas de llegar.

El sol se bate en retirada y me veo obligado a cambiar de gafas. Cada minuto cuenta y cuando tomo la calle de Peña Sacra se que ya estoy pasado de tiempo.  Dejo la barrera de entrada a La Pedriza a la derecha y justo al  tomar la pista que circula pegada a la izquierda del Parque me doy cuenta de que he pinchado la rueda delantera.

Son las 9:05, llamo a Gema para que a su vez avise al albergue. Intento hinchar la rueda y hacer que el líquido antipinchazos haga su trabajo, pero no hay manera de recuperarla.  La cámara no retiene el aire y cuanto más hincho más pringo todo con el líquido antipinchazos.

Me toca poner patas arriba la bici, quitarle la rueda y desmontar la cubierta.  Me cuesta lo mío.

Con la botella que me queda llena de agua limpio el desaguisado pringoso del líquido antipinchazos, no soporto su tacto y ya estoy suficientemente nervioso.  No había pinchado en años y me ha tenido que tocar hoy, aquí y con una cámara antipinchazos recién puesta. Si esto es una prueba me está llevando al límite.

Desde la Ermita de San Isidro de El Boalo el camino es totalmente desconocido para mí, se que no estoy lejos pero no se lo que queda.  Estoy muy agotado y la noche hace retroceder a la luz del día con un empuje cada vez más firme. No he disfrutado nada quiero acabar ya.

Es prácticamente de noche y estoy demolido física y mentalmente cuando entro en Mataelpino.  Está demasiado oscuro para localizar las flechas amarillas así que sigo la calle principal a la búsqueda del Albergue, cuando la calle completa una curva de 180 grados rebaso un Ibiza amarillo más que familiar  "El Pollo"  Enseguida salen Gema y Pepa a mi encuentro.  El Albergue está allí mismo son las diez menos veinte.  Lo he conseguido pero estoy exhausto, no puedo con mi vida y estoy desmotivado con el viaje.

Gema despliega su magia como hace siempre  en las ocasiones en las que me vengo abajo, tocando las teclas precisas para ponerme en la dirección correcta: Llama al del Albergue, me manda a la ducha, coge mi ropa la lava, me invita a cenar a la Hamburguesería Wallabies y me devuelve el ánimo. Pepa sabe que me voy y está rara, no le gustan las separaciones.

Son cerca de las 12 cuando nos despedimos.  Me voy a la cama lleno de dudas.  Espero simplemente haber tenido un mal día.  Mañana me espera La Fuenfría y una bici cargada a tope con las alforjas.  Tampoco es que pueda darle muchas más vueltas, me quedo dormido enseguida.

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